MITOS Y LEYENDAS CASMEÑAS
LA PIEDRA LISA
EL CABALLERO DE NEGRO
Tiempos atrás, en la ciudad de Casma, exactamente en Sechín, que es zona rural (chacra), se contaba sobre un caballero vestido completamente de negro que llevaba puesto un sombrero del mismo color, el cual caminaba en el aire, en otras palabras, flotaba.
Pero esto sólo lo comentaban como para asustar a las personas.
Tiempo después, la gente se había olvidado por completo de este personaje. Hasta que en una noche muy fría, espantosa y lluviosa, todas las personas se refugiaron en sus casas. A una de las familias se le había malogrado su lámpara y sólo les quedaba una vela que ya estaba por consumirse. De repente tocaron la puerta pero muy suavemente; todos se quedaron callados. Un joven de la familia acudió a abrir la puerta, pero lo hizo con mucho miedo. Al abrirla, se dio con la sorpresa de que era el caballero vestido de negro del que siempre hablaban. El joven se quedó parado, tieso muy pálido; comenzó a botar espuma de la boca y cayó luego al suelo.
Como casi no se veía muy bien, salieron los familiares a la puerta para ver por qué se demoraba tanto el joven, al llegar, lo encontraron muerto y la puerta abierta. Pero esa misma noche varias personas vieron al caballero vestido de negro, que al verle la cara se quedaban paralizados y la mayoría murió al instante.
Casi al amanecer, un campesino que iba rumbo al pueblo, ve en el camino a un joven tirado en el suelo que se movía muy despacio, estaba a punto de morir. El señor corrió para ayudarlo, al llegar se hincó para recogerlo, en ese momento dio sus últimas palabras y dijo: "el caballero de negro, el caballero de negro ..." y así repitió varias veces.
La novedad corrió por todo Sechín, el pánico invadía, la gente andaba aterrada. Días después una señora se quedó lavando su ropa en una de las acequias hasta altas horas de la noche, cuando de repente sintió un ruido. Al principio la señora se asustó, pero después sintió la curiosidad de ver qué era lo que producía el ruido. Caminó hasta llegar a un arbusto donde vio al hombre vestido de negro el cual comenzó a perseguirla hasta atraparla.
Al rato un señor que se dirigía a su casa sintió ganas de defecar y se dirigió hacia el arbusto, se bajó el pantalón y el calzoncillo y de repente escuchó una voz que decía: "¡Qué buen trasero!". El señor no hacía caso, volvió a escuchar lo mismo pero esta vez sí se amargó, se subió los pantalones y decidió buscar quién era la persona que le decía eso. Comenzó a buscar con la mirada y vio la cabeza de la señora enganchada en el arbusto. La señora le pidió que le ayude a sacar su cabeza, el señor avergonzado decidió acercarse para ayudarla, al llegar a ella, se dio con la sorpresa de que sólo tenía su cabeza, no estaba el cuerpo. El hombre asustado comenzó a correr hasta llegar a un largo camino, en el cual vio a lo lejos marcharse a un hombre vestido de negro.
En la hacienda Carrizal existe un cerro llamado Manchan al que las gentes llaman el encantado por haberse forjado alrededor de él una interesante leyenda: Cuentan que, unos arrieros viajaban transportando la correspondencia a lomo de mula, pero uno de ellos extravió una acémila con el correo en las inmediaciones del Manchan por lo que se internó en busca del animal perdido, pronto halló a una mujer a la que interrogó sobre si había visto a su mula y ella por toda respuesta lo guio hasta un abismo donde estaba el animal. El arriero se desesperó y la mujer le dio una cabeza de plátano diciéndole que, pasara lo que pasara con el obsequio, no fuera a referirlo a nadie, pues de otra manera moriría, el arriero fue a pernoctar a Casma encontrando a la mañana siguiente, a la cabeza de plátano convertida en un montón de oro. Sin acordarse de la promesa hecha, el arriero reveló el suceso del día anterior a otro compañero, el que fingiendo la pérdida de una acémila, logró ver a la misteriosa mujer, recibiendo la consabida cabeza de plátano, pero a la mañana siguiente encontró en vez de oro un montón de piedras. Pero, no fue solo esto lo que sucedió por que el primer arriero murió arrojando sangre por la boca y su montón de oro se transformó en piedra; es desde aquella fecha que el cerro es mirado con respeto supersticioso.
EL CACARAMÁ
Jaime López Raygada en Monografía de Casma. (1944)



EXCELENTE
ResponderEliminarsigue así
ResponderEliminarY ESE COPY Y PEGA AMIGO
ResponderEliminarSE GANÓ SU DIGNA DENUNCIA
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